Solamente el título sería una escueta pero justa crónica del partido del pasado domingo.
Mdl con sus dos jugadores más altos no fue capaz de ganar a un equipo que más que de baloncesto parecía de futbolín, pequeños, duros como la madera del portero del atleti y guarros como "el hueco", pero también eran ágiles, rápidos, estaban en forma y eran jóvenes. Nosotros perdimos muchos balones, a veces no pudimos resolver su presión en todo el campo, Incluso nos quitaron algún rebote y ¡fallamos 23 tiros libres de 29 tirados!!!
Empezamos ganando pero la exigua ventaja conseguida se esfumó y se convirtió en desventaja enseguida con contraataques y robos de balón. Apretando los dientes conseguimos que los puntos en contra no fueran más de diez al final de tercer cuarto. Soñamos con un final épico, con remontada en el último cuarto. A falta de un minuto perdíamos de dos. Tres tiros a canasta, dos faltas, cuatro tiros libres, incluso oí a un rival lamentándose "no podemos". La victoria se nos negó, tres tiros fallados, con las faltas no hubo dos más uno y, por supuesto, cuatro tiros libres fallados.
Indudablemente echamos de menos a nuestro "cañonero" que no pudo asistir, muy a su pesar, según declararía después del partido. ¿Hubieramos ganado con Juan? Una pregunta sin respuesta posible como tantas otras en la historia.
Juan, dibujo de Santi
Nos pitó un Jaime Alguersuari simpático, un poco ciego, que no tuvo reparos en pitar una técnica merecida al equipo contrario por pérdida de tiempo (esto me suena a fútbol) y a nosotros nos mandó callar bajo la amenaza de lo mismo.
El arbitro mirando a las musarañas
Nos fuimos a la ducha cabizbajos con la moral no muy alta, ni siquiera hubo bromas de "pásame el jabón" o "enjabóname" (que no es lo mismo).
Y más fantasmas
En un encontronazo con un rival, nuestro presidente se llevó las manos a la rodilla, temiéndome lo peor le pregunté si era la rodilla mala a lo que contestó: "Peor, es la buena, la mala ya me da igual, está hecha polvo".
También hay unas declaraciones de Ángel reclamando venganza por un par de costillas doloridas.
Tercer tiempo, quinto cuarto
Con Gus y Javi bebiendo Coca-Cola prometía más soso que nunca pero se alargó más de lo acostumbrado con llamada de esposa incluida "¿Dónde está ni marido, por qué no coge el teléfono?".
Manuel y el que escribe (elJose) nos tomamos la mejor cerveza de nuestra vida, y una hamburguesa de medio kilo y dos gin-tonics. Adivinanza: ¿Quién llamó a quién preguntando por quién?
Un abrazo a todos, espero que os haya gustado mi primera Hoja Macabea
Trepidantes, emocionantes, sorprendentes. Hasta históricos
pudieron ser los últimos cinco minutos del partido que puso la novena victoria
en el casillero de MdL. Es verdad que también se puede decir que fueron
aberrantes, espantosos y un atentado al baloncesto, pero todo esto no es
incompatible con lo primero, que suena mucho mejor.
No me digáis que nosotros no hemos hecho algo parecido algunas veces
Porque, a ver, ¿cuántas veces se han cometido más
violaciones, en el sentido baloncestístico, entiéndase, en menos tiempo? Jamás
de los jamases un árbitro, árbitra en este caso, se vio en la necesidad de
pitar pasos, camposatrases y otras desmanes varios con tanta frecuencia. Si uno
caminaba por la zona como Pedro por su casa, ahí estaba el rival, pleno de
caballerosidad, para, en la jugada siguiente, repetir el cámino antes de llegar
a cruzar la línea divisoria.
Impresionante allá por el 1:40 cuando Shaq se va a estrellar con un banquillo
Esa línea, por cierto, también dio bastante juego y fue
protagonista en un par de ocasiones de un bonito trenecito de ida y vuelta que
lo mismo metía la pata para un lado que para el otro. Campo atrás, campo atrás.
Campo atrás, campo atrás. Joder, qué mareo.
Pero todo esto son minucias. Lo bonito, lo verdaderamente
bonito, vino casi al final. Seis segundos, MdL cinco puntos arriba. El
listo/chupón saca de fondo bajo su canasta. Gran presión del equipo contrario,
no hay alternativas. ¿Cómo que no? Quedaba una. Era difícil, era arriesgada,
pero la gloria cuesta. Para llegar a ella hay que apostar.
El aro, con su red y todo, se interpone entre el pasador y
Ángel, única opción viable. Con inigualable estilo, con notable elegancia, el
pasador saca un pase de cuchara, de abajo a arriba. Las respiraciones se
congelan, la pelota vuela… pero poco. La red la atrapa, a punto está de
producirse una autocanasta (al revés). El balón cae en las manos del rival (del
único bueno del rival) y deja el partido a tres a falta de cinco segundos. Pero
el resultado es lo de menos. Lo importante fue el momento, la épica decisión de
ese jugador que sabiendo que podía perderlo todo decidió desafiar a la lógica.
Esa es la grandeza del deporte. Eso es espíritu olímpico. O municipal, para no
faltar a la competición que nos hospeda.
En los cinco segundos todavía quedó tiempo para otra pérdida
de balón y pudo llegar el rival el triple que nos hubiera llevado a
otros cinco minutos de baloncesto pleno y radiante. Una pena porque el público
estaba disfrutando como cuando te comes una buena pierna de cordero con las
manos. Y sin servilletas ni nada.
Venga, no todo van a ser desgracias
Destripado ya el final, del resto no hay mucho que decir.
Partido fácil, con dominio bastante holgado hasta que decidimos devolverle al
público el dinero de su entrada en emoción y jugadas imposibles. Somos así:
desprendidos, altruistas y un poco torpes.
Postpartido (the best is yet to come)
En declaraciones tomadas en remojo, es decir, directamente
en la ducha, elJose aseguró sin complejos: “Llevo pensando en la cerveza desde
el segundo cuarto”. No está mal. Las horas pasadas en el centro de reeducación
están surtiendo efecto. Normalmente el chico entraba en el pabellón pensando ya
en las cervezas del final. Que también es normal, teniendo en cuenta que, no
importa cuándo, serían las mejores de su vida.
Hablando de cervezas, se produjeron movimientos bastante
extraños. El chupón (pedazo de porcentajes ayer, por cierto) no iba a ir y al
final se pagó una ronda para todos los que se quedaron. Bueno, para todos no,
que Manuel, pleno de soberbia y altanería, se pagó lo suyo. Y el
presidente/entrenador/tirador y Javi, gran triple, que se iban a quedar,
flojearon al final y dejaron al equipo en cuadro a la hora de darle caña a los
tercios. Las especulaciones sobre la Gata Negra no pudieron dejar de surgir.
Que ya sabemos que la cabra, Javi en este caso, suele tirar al monte.
Hablando de dejar al equipo en cuadro. Cuando la hora de
comienzo del partido es, por ejemplo, las 10:15, hay que intentar llegar a esa
hora. Si se puede un poco antes, mejor. Que sí, que al final éramos un huevo,
como es tradición esta temporada, pero a falta de un minuto había cinco
macabeos en la pista, de los que dos, además, eran bajas seguras sólo unas
horas antes. Por evitar angustias a Gustavo, que lo pasa fatal el hombre.
Fantasmas
Cuando Jorge volaba por los aires por enésima vez esta
temporada tras un encontronazo con un rival y sus rodillas y mandíbulas estaban
a punto de aterrizar en el duro parquet del Daoiz y Velarde, a muchos se nos
congeló la sangre, se nos erizó el vello y notamos un frío aterrador. Algunos
llegaron a oír el lamento de una voz femenina que exclamaba “Jorge, ¿otra vez
lesionado?”. Al termino del encuentro se realizaron las pesquisas pertinentes y
empleados de la instalación han confirmado que algunas tardes, cuando se
cierran las puertas y el pabellón queda en silencio, se ve una figura de mujer
menuda, acompañada por dos niños rubitos, que recorren las canchas en busca de
los huesos fracturados de su marido. Esther, descansa, Jorge regresó entero a
casa. Por poco, pero entero.
Más fantasmas
Otro silencio denso, espeso y opresor vino a oscurecer las
mejores cervezas de nuestras vidas. “¿Quién es ese Petrovic?”. ¡Sacrilegio! El
alevín Pablo destrozó los ánimos del resto de contertulios que estaban a punto
de enfrascarse en una charla de abuelos cebolleta sobre viejas glorias de la
canasta. Lo miramos asombrados, estupefactos. ¿Petrovic? No saber quién es
Llull, vale, está bien incluso. ¿Pero Petrovic? No es excusa que el gran
provocador dejara este mundo sólo un año después del nacimiento de Pablo
porque, si no me fallan los cálculos (dudo un poco con Ángel), ninguno
estábamos aquí cuando lo de Cristobal Colón y todos sabemos algo de sus
andanzas.
Carlos III en un posado informal al terminar el partido
Un ciclón, un huracán, un tornado; una fuerza de la
naturaleza desatada. Un gigante, un centauro, un coloso; un ser mitológico en
busca de la gloria. En todas estas exageradas cursilerías y en muchas más se
convirtió Carlos III cada vez que invadía, con zancada dominante, la zona del
rival.
Si la hinchada empezaba a preguntarse mosqueada el porqué de
su fichaje, la respuesta estaba en este partido. No ha tardado tanto en llegar,
que una docena de encuentros, en la larga vida de los deportistas de MdL, apenas
es nada.
Un ciclón, decíamos, que barrió a su paso con los brazos de
los rivales, incapaces de sujetar el brío inagotable del nuevo purasangre. Qué
manera de rebotear, de brincar y de hundirla una vez tras otra en la canasta
contraria.
Así, sus compañeros, avisados al poco de empezar de la
singular exhibición que se avecinaba, confiaron en él para rematar a un equipo
que, a pesar de la avanzada edad de sus componentes, pecaba, casualmente, de
bisoño. Mire usté qué cosas.
Pero no fue esta la única irrupción inesperada de este
encuentro, no. Gloria daba ver al presidente, justificado esta vez su poco
elegante atuendo, finalizar los contraataques, feliz y veloz cual liebre que
corretea a sus anchas por el campo. Gustavo también tuvo sus oportunidades surcando la pista a
toda velocidad pero, modesto como es él, prefirió dejar que los focos
alumbraran a quienes estaban siendo injustamente puestos en la picota.
No sería razonable terminar este repaso al partido sin hacer
notar que el Ibaka de Ortigueira pudo ponerse las botas, gracias a que él
jugaba en el primer piso mientras los rivales trataban de colgarse de sus
brazos con tímidos botes desde el entresuelo. Sin duda, en caso similar al de
Gustavo, la humildad y bonhomía de nuestro hombre más septentrional le impidieron
hacer más sangre de este equipo que, visto desde su altura, no debía de
resultar mayor que una familia de pigmeos.
En todo esto puso un poco de orden el cerebro del equipo, Ángel,
que fue el único que mantuvo la calma y que puso la pausa en un partido de
excelsa calidad.
Nota al pie: A la voz de “no estoy pagando unas cañas, estoy
comprando mi hoja”, Carlos III aflojó la guita para satisfacción de los compañeros. Es triste reconocerlo, pero según está el periodismo
español, este redactor, necesitado de pan (que de circo ya va sobrado) se ha
bajado los pantalones escribiendo lo que ustedes han tenido la mala suerte de
leer. Lo sentimos de corazón y podemos asegurar que no volverá a pasar… ¡hasta
que alguien se pague otra ronda!
Postpartido
Pablo, ese vertiginoso felino demostró que su velocidad es
incomparable en casi todos los terrenos. El chaval ahora se nos va a Toronto, a
probar fortuna en los Raptors. Enloquecido de alegría, anunció con su habitual
presteza que se iba a pagar una ronda. Con la misma endiablada rapidez salió
zumbando del bar en cuanto Carlos III se hizo cargo (por las oscuras razones que
ya conocemos) de las cañas. Prometió mientras salía escopetado que el jueves,
al finalizar su último entreno, cumpliría su juramento. ElJose espera ansioso
la mejor cerveza de su vida.
El pabellón macabeo registró una de las mejores entradas de
la temporada, especialmente en lo que a jóvenes se refiere. La cantera
estuvo presente y dejó constancia de su incondicional amor por los colores y
sus ancestros. Como muestra esta magnífica pieza que no desentonaría en, por
ejemplo, “micos por el mundo” o cualquier cosa así.
Muy comentada fue la actuación del chupón oficial del
equipo, que al principio no quería tirar y cuando se animo a tirar no quería
meterlas. Dada la gran actuación del equipo de sus amores en la reciente Copa
del Rey las comparaciones fueron inevitables.
Oficio. Eso es lo que diferencia a los buenos equipos de los
grandes. Saber competir en las circunstancias más adversas, cuando tu pólvora
está mojada y el entrenador, erre que erre, sigue en chándal.
El partido empezó con un ritmo trepidante que se mantuvo durante
toda la primera mitad. Los ataques de dos equipos desatados se sucedían a
enorme velocidad. Otra cosa era el ritmo de anotación, que era bastante más
lento. Diez puntazos figuraban en el marcador de MdL al descanso. Sin duda, a
pesar de ese endiablado ir y venir, en el partido dominaban las defensas: los
rivales se quedaron en unos aún más tristesocho
tantos.
Ni por lo civil ni por lo criminal había manera de pasar la
pelotita por el aro. Los macabeos lo intentaron desde lejos (desde muy lejos
según el entrenador), desde cerca y en la media distancia; entrando por derecho
o con atléticos “feidogüéis”. Imposible. El aro, un estrecho, oiga, se empeñaba
en no trasladar al acta la enorme superioridad táctica de MdL.
Así, el partido en la segunda parte se convirtió en una lotería.
Un juego de nervios en el que dos puntos de ventaja parecían un abismo
imposible de salvar. Fue en ese momento cuando salió lo mejor de cada jugador
naranja para darle la vuelta al partido. Demostración de carácter, de fuerza mental
y de que por más veces que nos piten pasos nadie nos va a parar. Porque, sí,
otra vez cometimos algunos pasos.
Abrió la lata del triple, la que se nos resistía, Ángel. A partir
de ahí el partido fue un festival de luz y color. De anotación, decimos. Cómo
sería la orgía que el equipo vencedor llegó a la enorme suma de 33 puntos al
final del partido. Menos que un partido de balonmano un poco movido y un número
de enorme contenido simbólico para nuestra civilización. Perfecto, ¿para qué más?
MdL ahora mira a Europa. O a la Copa. O a lo que sea que se juegue
después si quedas en un buen puesto. La numerosa afición presente despidió a
los jugadores con una cerrada ovación, conscientes de que el club está viviendo
un momento histórico. En el fondo, sólo nos falta un Mourinho para empezar a
acaparar las portadas. Todo se andará; Carlos tiene potencial.
Postpartido
Definitivamente, se nos ha ido la olla. Eso piensan algunos de los
macabeos cando oyen hablar de ligas ganadas, estrellitas en la camiseta y
trajes para el entrenador. La
euforia no es que esté desbordada, es que riada a estas horas debe de estar
llegando ya al Pacífico. Al metro de Pacífico, se entiende, no al océano. ¿Una
estrellita en la camiseta si ganamos la liga? Jijijiji. Jajajajajaja.
Jojojojojo.
El concepto de “Rookie wall” alude al momento de la temporada en
el que el jugador novato pone los pies en el suelo y deja de flipar con la
nueva liga. Suele ir acompañado de un descenso en el rendimiento. Carlos III se
ha encontrado hoy con su particular “Rookie wall”. Medía como 1’85 y le sacaba
unos pocos kilos de peso. La embestida del nuestro rookie, llena de furia y
bravura, se topó con el muro y dio con sus huesos en el parquet. Silbando una
alegre tonadilla y mirando para otro lado Carlos se puso en pie como pudo, recompuso
su esqueleto y bajó, con disimulo, a defender.
La implicación de la plantilla es enorme esta temporada. Como
muestra, hay que destacar que Javi llegó directamente del pueblo para pisar el
parqué del Daoiz y Velarde. Con las típicas pajitas del campo y una buena
cagada de vaca en las zapatillas jugó un partido extraordinario. Se le echó en
cara, no obstante, que no hubiera traído del pueblo, al estilo del gran Paco
Martínez Soria (qué Oscar te perdiste, Hollywood), unas sabrosas viandas de su
tierra. El fin de fiesta habría sido apoteósico con unos buenos chorizos de
pueblo. Anotada queda en el debe de Javi esta racanería.
José, ese monolito inamovible que tenemos en la zona, sigue
celebrando las victorias (y también las ya lejanas derrotas) con las mejores
cervezas de su vida. Ese es el espíritu.
Hablando de espíritu, se insinúa que el sector demente del equipo
va a ser severamente sancionado. Esta feo terminar el partido y salir corriendo
para irse a ver al Estudiantes. Sobre todo porque alguno esprinta mucho más
camino del Palacio que de la zona propia cuando toca bajar a defender. Avisados
quedáis, dementes.
Mira tú qué gilipollez: un punto. Te lo pasas bien en el
partido, haces pasos, juegas, haces pasos, sudas, haces pasos, tiras, haces
pasos, pero ese punto… ese punto lo cambia todo. Que terminas un punto abajo y
es como si el puto punto se te clavara en el corazón. Pero con el punto arriba,
oiga, qué ricas saben después las cervezas, ¡las mejores de nuestras vidas! Una
semana más.
MdL y los señores de enfrente, que iban de azul, jugaron un
partido épico. Las defensas dominaron claramente y el tanteo se movía en
registros de preinfantil. Sin embargo la intensidad era tanta que el público
que abarrotaba en silencio las gradas estaba al borde del infarto.
Todo el encuentro transcurrió con gran igualdad en el
marcador. Cuatro puntos de ventaja eran un tesoro casi imposible de conservar. A
los arreones de los de azul sucedían las embestidas macabeas que lo mismo
machacaban desde el triple que enviaban a Pablo, convertido en perro de presa,
a robar mil y un balones. Que se perdieran después es algo que no vamos a andar
explicando ahora. Minucias.
Así, se llegó al minuto final con dos puntos de desventaja,
que parecían un mundo para un equipo al que, tradicionalmente, se le dan
regular estas situaciones. Los contrarios, sin duda, esperaban la cuatro, mítica
jugada macabea, único sistema que todos conocemos. Pero agazapado en la sombra,
cual rapaz hambrienta de Félix Rodríguez de la Fuente, esperaba Ángel, astuto y
resuelto, que decidió jugarse el tiro que nos dio la victoria. ¡Triple!
Lo que quedaba de partido se ventiló en una magnífica
defensa, una cuatro, esta vez sí, un poco alocada, rebote en ataque y un
intento final de Javi por hacer que perdiéramos el partido. Porque lo más lógico
cuando quedan diez segundos y tu equipo va ganando de uno y no tienes problemas
con el tiempo de posesión es, sin duda, tirarse otro triple. Para amartillar,
claro.
Por suerte él mismo protagonizó un heroico robo, el balón
volvió a manos macabeas y tras una falta desesperada el tiempo llegó a su fin.
La victoria, como empieza a ser habitual, a nuestra buchaca.
Algarabía, jolgorio y risas para terminar en nuestro
banquillo. Si fuéramos madridistas habría escrito gloria, honor y majestad.
Pero es que no me sale.
Postpartido
El presidente / entrenador volvió al banquillo y lo hizo
dirigiendo de la mejor manera posible. Magistral fue su desempeño, dotando al
equipo en cada momento de lo que necesitaba. A pesar de eso se exigió su dimisión
inmediata. Sigue sin venir con traje a los partidos. Eso estaba bien cuando éramos
unos cualquiera, pero a unos serios aspirantes al título, con el doble de
victorias que derrotas y con basketaverage positivo, no me jodas, hombre.
¡Ponte una corbata!
Javi culpaba al banquillo de su error. ¡Es que no me habéis
dicho nada! Claro, y como te dicen nada, pues tú tiras. Ante esto, y por otras
aventuras sucedidas en el partido, los pesos pesados del equipo acordaron
reducir los mensajes que se mandan desde el banquillo. Se prohíben desde ahora
las órdenes complejas. Es decir, aquellas que tienen más de una palabra. De
hecho, el conjunto de órdenes permitidas para lo que queda de liga es el
siguiente: Ataca, mata, sit y plas. No más. La orden “tira” es completamente
superflua. Todos la tenemos interiorizada aunque sólo uno se lleve la fama. ¡…brones!
Fernando amenazado de suspensión
Corría el minuto… ni idea, la verdad, cuando Fernando
embistió con poder y bravura a un rival (orden “mata”). Por desgracia, el rival
estaba más duro que el rubito macabeo que salió seriamente dañado en su hombro
derecho. La amenaza de suspensión sobrevoló de inmediato el Macabi Arena ante
la posibilidad de que la contraria percibiese la nueva lesión. El fisio del
equipo, tipo curtido, instruyó con rapidez a Fernando en múltiples modos de
enmascarar una dolencia. La masturbación compulsiva fue la excusa elegida
aunque, como todos sabemos, aparte de la evidente, suele ser el codo la parte
del cuerpo que más sufre. Pero eso ellas, en principio, no lo saben.
Reglas NBA
Urge que dejemos de jugar en los entrenamientos con las reglas NBA. No sé si alguien se fijó pero en al partido nos pitaron unos pocos pasos. Digo "unos pocos" por rebajar la tensión. Debieron de estar muy cerca de diez las veces que nuestros incansables jugadores decidieron hacerse un trekking por la zona. Mesura, amigos míos, con el caminar. Reservemos nuestros pasos para las tardes con la familia y echemos el balón al suelo antes de empezar a andar. Acordémonos, después, de contar: uno, dos y ¡hop! arriba.
Perdimos el partido, pero sin duda ganamos la guerra. Los
macabeos tuvieron hachas y espadas por brazos y aunque eso les restó precisión
en el tiro a canasta provocó, sin embargo, una jugosisima sangría en las filas
rivales. Miembros amputados, cabezas cercenadas, un río de sangre se desbordó
por la Avenida Ciudad de Barcelona hasta formar un estanque bermellón que
inundó el Puente de Vallecas.
Incomprensiblemente quedaron contrarios vivos y por eso
pudieron terminar el partido. Debió de ser un milagro. O varios, porque hay que
ver qué forma de revolcarse por el parquet, de caer fulminados al contacto cual
miliciano ajusticiado ante el paredón.
Y hay que ver, también, qué sublime puntería la de los
chicos de MdL, que con precisión milimétrica, la precisión del asesino a
sueldo, acertaban siempre, pero siempre, en la boca de los contrarios.
Sorprende constatar que al final, tras tantas agresiones desmesuradas, alguno
conservara una pieza dental en sus cristalinas mandíbulas.
Durante muchosminutos el espíritu de Juan Carlos Navarro y Rudy Fernández sobrevoló
por las pistas del Daoiz y Velarde. No, no es que las enchufaran como ellos,
no, es que, igual que esas superestrellas, parecían morir tras el menor
encontronazo.
Y dicho esto, que es verdad con un poco de literatura,
palmamos. Básicamente porque con tanta sangre en las manos no acertamos mucho con el aro.
Cansados no estábamos, no, que esta temporada el banquillo tiene una
profundidad tal que en lugar de entrenador lo que necesitamos es un
espeleólogo. Lo que pasó fue, simplemente, que no las metimos. Oportunidades
hubo, pero no se aprovecharon. Y en este deporte, si perdonas, te matan. Y,
como todos sabemos, el fútbol (de canastos) es asín.
Postpartido
El espectáculo, aparte de los asesinatos en serie, llegó en
el vestuario. Primero entró Pablo, ese jugador con molinillos en lugar de piernas, que
se encargó de llevar el ritmo a la ducha con unos altavoces que habrían causado
furor en Harlem. Javi aprovechó que estábamos de fiesta para estrenar el look
que puede verse en la ilustración que acompaña a esta crónica. No, no es
agradable, pero un documento de ese calibre debe ser difundido. Si tenemos un
jugador capaz de perpetrar
semejante crimen, merecemos la derrota. Esta y muchas más. Él, por su parte,
merece un correctivo.
Dicho y hecho. El Jose, como si leyera los pensamientos de
la junta directiva, fue ver entrar a Javi con sus calcetos en la ducha y
pedirle el jabón. Esos cuerpos, ese jabón, la música de Pablo… Javi, te
acompañamos, poco, en el sentimiento.
Fisuras en el equipo
Al poco de terminar el partido las redes sociales captaban
el descontento de los aficionados. Pero no sólo eso. Uno de los jugadores de MdL
utilizó su “guasap” para señalar con nombre (pero sin apellidos) a dos macabeos
como causantes de la derrota. No queremos dar pistas para no hacer más sangre,
pero sí diremos que el chivato, un rookie, por cierto, no pude usar “mac” por contrato y que los
aludidos son un chupón demente y el hombre más feliz del mundo cuando tiene una
cerveza en la mano. La flojera con el teclado pone a la entidad al borde de la
quiebra. La directiva tiene que tomar medidas. Las de Jose no hacen falta, Javi
se las tomó en la ducha.
Baja médica
Si ducharse con calcetines predispone para la derrota
(incluso aunque la ducha sea después) hay actitudes y ausencias que hacen difícil
conformar un grupo sólido y con aspiraciones. Jorge, el pulmón de MdL, no fue
de la partida en este difícil encuentro por una baja médica. El diagnóstico decía
lo siguiente: “Como vayas a jugar, te lesiones y no podamos ir a Brasil te vas
a pasar el resto de tu vida corriendo para evitar la manta de palos que voy a
darte. Con cariño, Esther”. Así no hay quien haga un equipo. Repitan todos
conmigo: CAL-ZO-NA-ZOS.
Pero a ver quién tenía huevos de vestirse de corto con
esa amenaza.Que desde la barrera todos los toros parecen gatos. Miau.
No hay movimiento más rápido de pies que el de Pablo. Tanto,
que su cabeza a veces no puede seguirlo y llega a sus fulminantes contraataques
un rato después. Se cuentan ya por docenas las caderas de rivales rotas y los
ojos de los compañeros desorbitados. ¿Correcaminos? Un jodido hipopótamo a su
lado. Con todos ustedes, Pablo by Santi.
Aprovechando que tenemos edición especial de la hoja, no
podemos dejar de sorprendernos por la enorme afluencia de personas jugadores y
niños con barba que asistieron al entrenamiento de ayer. Todo tenía, por supuesto,
una explicación: Jorge se pagaba unas cañas por su centenario. Por eso fue
también, y, bobos, no nos dimos cuenta, ese apagón temporal en la pista.
Perdimos la oportunidad de cantar un emotivo Cumpleaños feliz para el otro
correcaminos, que no hipopótamo, de MdL. Manuel se empelotó al final del
entrenamiento, suponemos que para hacer algo rollo Marilyn saliendo de la tarta
pero, gracias a Alá, no llegó a completar el que habría sido un lamentable
espectáculo.
Desempolvamos la máquina de escribir, quitamos las telarañas
a las teclas, igual que hacemos cada septiembre con las que se encariñan con
nuestros huesos, y resucitamos, por sexta vez, la siempre querida, denostada y
envidiada Hoja Macabea. Levántate y habla.
Nada mejor para este bíblico episodio que la narración de
una nueva victoria, la tercera esta temporada, que no tuvo mucho de heroico,
pero sí demostró el oficio y la experiencia que el equipo macabeo ha atesorado
a lo largo de su seis temporadas.
El partido resultó entretenido, sobre todo en defensa, donde
según algunas fuentes, además de levantar los brazos, acudir a las ayudas y
cerrar las líneas, que son las tareas normales, se mantuvieron animadas charlas.
Se consiguió con ellas que el nivel de concentración no bajara y que los niños que se aburren defendiendo
tuvieran un aliciente extra para agachar las nalgas.
En ataque, hablando mucho menos, la anotación fluyó cual plácida
melodía de ascensores de alto standing. Es decir, los puntos iban
cayendo sin que nadie se diera cuenta y para cuando los pobres chicos que se
nos enfrentaban quisieron advertirlo, la tenían metida toda entera. La
estocada. La derrota. Lo que cada uno quiera.
Como vamos con algunos partidos de retraso es un buen
momento para resaltar la gran novedad de esta sexta temporada: el banquillo. De
ser un área yerma, con una densidad de población sólo por encima de la del
Sahara, ha pasado a convertirse en una urbe superpoblada al estilo de
Manhattan. Los efectos se notan en múltiples formas. A saber:
Cada
guerrero macabeo juega menos minutos por lo que puede hacerlo con
intensidad máxima. Esto no gusta a todos por igual, pero al final, pensándolo
bien, no cabe más que reconocer que merece la pena.
Algunos
de los agitatoallas tienen que sentarse en el suelo. No todos caben a la
vez en la exigua superficie de la que Ana Botella, nuestra egregia
alcaldesa, dota a estas competiciones auspiciadas bajo el cálido manto de su ayuntamiento.
El
presidente/entrenador acaba con un notable dolor de cabeza al tener que
hacer complicadas operaciones matemáticas para repartir los minutos. Así,
en el tercer tiempo, toma el hombre lo que toma.
El juego resultó equilibrado entre anotación interior y
exterior. O eso creemos, porque como no hay estadísticas, no lo sabemos. Y
tampoco le importa a nadie. Esta vez no fueron las faltas ni las lesiones las
que mermaron nuestro equipo, sino eso de dar vueltas a un circuito montado en
un coche con el culo pegado al suelo. Nuestra torre gemela, él es dos en sí
mismo, esprintó cual gacela para asistir al inicio de la frustrada carrera de
Alfonso* en pos de su tercer título mundial.
Breves
Creemos, tampoco hay datos actualizados, que por primera vez
en nuestra historia vamos en positivo en el basketaverage a estas alturas de la
temporada. Otras veces hemos ganado el primer partido, pero para la segunda
jornada ya estábamos en nuestros números.
La verdadera vergüenza del encuentro llegó en el tercer
tiempo. El presidente pidió una botella de agua y un poleo con manzanilla. No
hay más que decir. Por suerte elJose compensó sobradamente la afrenta y aguantó
firme hasta el final. Y un poco más allá.
No hubo rueda de prensa porque no había Hoja y sin medios, qué
cojones hacían los jugadores compareciendo. Por los pasillos, eso sí, se oían
los lamentos de alguno de ellos que no cumplió con las expectativas o que se
sintió dolido por el maltrato de los compañeros. Javi, por ejemplo, se quejaba
con amargura y un punto de derrotismo de que no había tirado ni una vez a
canasta. Nadie advirtió el dato en el momento, pero luego la incredulidad se
hizo la dueña, dada la asombrosa facilidad de Javi para tirarse ese típico
triple de todos los partidos que no toca el aro. Manuel, a su vez, rumiaba
cierto descontento porque alguien al darle la mano tras el partido no le
felicitó por su sobresaliente desempeño. La cosa quedó aclarada pero nunca sabe
uno qué es lo que se guarda para sí un gallego. Y menos uno tan espigado.
*No, no es una errata, el redactor ha escrito correctamente “Alfonso”
en vez de “Alonso”. Esto es una vieja anécdota del equipo que elJose,
protagonista, debería contar a los nuevos. Para echarnos unas risas, vaya.
Las abundantes bajas lastraron el rendimiento de MdL que
encadena su segunda derrota consecutiva, algo a lo que ni los jugadores ni la
afición están ya acostumbrados.
Los valientes jugadores de MdL que quedan en pie en esta durísima
temporada afrontaron con ilusión y optimismo un partido que se vio enseguida
que iba a resultar complicadito. A pesar de la fantasía desarrollada en ataque
y la increíble dureza en defensa, las malas artes de los contrarios, empeñados
en esconder el balón y terminar metiéndolo en el arito condenaron a los
macabeos a una derrota más abultada de lo que por juego merecieron.
El mal mayor de los macabeos fue la falta de capacidad
anotadora. Por momentos bordaron el baloncesto pero, a diferencia de lo que
ocurría en el otro aro, la pelotita no quería entrar. Sin duda, esta época
absurda de jugar con balones con voluntad propia se tiene que acabar. Lo más
preocupante es que el balón de juego siempre es el de MdL.
Y es que jugar sin pulmón (Jorge), sin martillo percutor
(Fernando), sin la Torre de Hércules (Ibakiña) y sin el Zidane del parquet
(Roberto) es conceder demasiada ventaja para un equipo de presupuesto limitado aunque infinito afán de superación, por supuesto. La vuelta a las pistas de ese
privilegiado bailarín que es Javi no fue suficiente para compensar tantas y tan
notables ausencias. Tampoco las zapatillas nuevas del presidente, que siguen
dando que hablar.
El partido, pues, no fue exactamente un éxito. Terminamos
cansados y derrotados. Aprendimos, eso sí, que en la terraza que hay enfrente
del pabellón, esa en la que da el sol y se está tan a gusto cuando acaba el
partido, tardan como dos horas en ponerte tres cervezas y unas tostas. Para
cuando por fin tienes la comida en la mesa el sol se ha esfumado y en febrero hace un
frío que te pelas. Moraleja: el próxima día, mejor dentro. Moraleja II: el próximo
día, mejor en otro sitio.
Rueda de prensa
Carlos compareció ante los medios para no decir nada. Parece
ser que se quedó sin palabras tras correr un contraataque a la velocidad del…
bueno, a la velocidad de Carlos. Tras ese esfuerzo se encontraron en el suelo
del pabellón varias letras inconexas, un hígado y medio pulmón. Por suerte las
zapatillas, lo más valioso de Carlos como jugador, no sufrieron ningún daño.
Balón de juego
Los caprichos del balón, que en una canasta entra y en la
otra no, fueron tema de interesante debate en los corrillos del pospartido. Se
especulaba con la avanzada edad de la pelota que debutó en competición oficial hace
ya cinco largos años. A principio de temporada la junta directiva prometió una
renovación que sigue sin llegar. Desde algunos sectores del club se ha pedido
que si la pasta destinada para ello no se va a utilizar en el balón, que al
menos se invierta en una cena de hermandad. De momento no hay respuesta ni balón.
La situación empieza a ser insostenible.
A todo esto, ¿cuándo decís que cenamos?
Moraleja III: Carlos, compra el balón de una puta vez.
Vuelta a las derrotas
A pesar de la mala racha una parte de la afición de MdL se
muestra más contenta en las últimas semanas. Aseguran que estas derrotas
devuelven a MdL a su senda histórica y a los valores que jamás debió abandonar.
Hay teorías diferentes y se está planteando un congreso extraordinario en el
que plantear la refundación del club en un equipo ganador para cortar de raíz estas
actitudes retrógradas que impiden el correcto desarrollo de MdL.
Vistas las dificultades que atraviesa el equipo se ha
decidido abortar esta tontería de la refundación y dejar las cosas como están.
Si acaso habría que hacer más fiestas.
Perro de Javi
La vuelta de Javi fue muy celebrada. Se le vio pletórico de
movimientos en el bar y un poco falto de tacto de cara al aro. La alegría inundó
los alrededores del pabellón, tanto que
a un perro con aspecto de alfombrilla de baño se le aflojaron los esfínteres
al verlo y no tuvo más remedio que dejar unas gotas de orina en la bolsa de la
estrella macabea. Vamos, que se le meo encima.
Risas aparte, cuando Javi llegó a casa sufrió, al parecer,
un duro interrogatorio sobre el origen de ese olor. Parece ser que los
servicios de La gata negra, ese afamado local, tienen un aroma similar.
Servicios médicos
Los servicios médicos de MdL no dan abasto. Los últimos
partes médicos hablan de un tobillo gordo, negro y feo en el caso de Fernando y
de una torcedura fuerte en el del gallego. Al gallego la tontería se le habría
quitado si alguien le hubiera dicho “no hay huevos para ir a jugar”. Esas frase
nunca falla si se le arroja a un hombre como es debido por muy absurda que sea la propuesta. No está científicamente probado que
funcione para los gallegos. Ojo.
Ausencia de Roberto
Roberto, en quien se tenían depositadas muchas esperanzas
dado su gran rendimiento en las últimas jornadas, no pudo asistir al partido.
Se librará de la sanción porque en un SMS enviado al presidente horas antes del
salto inicial informó de que una copiosa nevada DENTRO de la casa de un amigo
le mantendría incomunicado. ¿? Visto el parte metereológico, la nevada más
cercana al punto desde el que Roberto mandó el SMS estaba como a 700 kilómetros.
Hay ciertas dudas sobre el significado real del mensaje.
Con dinero o sin dinero
A la espera de ese vídeo de los mariachis que sospechamos que jamás vamos a ver, Gustavo, nos debes dos pavos.
Los macabeos
consiguieron su séptima victoria de la temporada en un encuentro en el que se
libraron de la empanada sólo durante el último cuarto. La racha histórica de
victorias debería hacer que todo fueran días de vino y rosas en MdL pero la
realidad es bien distinta con una masa social fraccionada y en pie de guerra.
El vino, o los margaritas en su defecto, eso sí, no faltan.
El partido transcurría amodorrado y el cronómetro, perezoso,
dejaba caer los segundos al mismo ritmo que llegaban las canastas de MdL. Es
decir, muy lentamente. Entre bostezo y bostezo, el antaño ciclón naranja, en
adelante sopor naranja, iba colando algún triple que les mantenía en el partido
en espera de que sonara el despertador.
Mientras, unos niños comandados por un miniyordan al que
escoltaban un químico, un biólogo marino y un informático con gafas conseguían
algunas ventajas en el marcador gracias, sobre todo, a las prolongadas siestas
del sopor naranja. El ejemplo palmario fue el habitualmente muy combativo Gaby,
que recién reincorporado tras su lesión, se quedó dormido varios ataques dentro
de la zona contraria. Se sospecha que bajo el uniforme Macabeo portaba,
remangado, el pijama. Un testigo juró haber visto un osito de peluche en su
bolsa deportiva.
Algo así era lo que buscaban los chicos de MdL para los primeros cuartos del partido
Con la mitad de los puntos del equipo conseguidos desde el
extrarradio, 18 puntos de triples en total, el despertador tocó arrebato, al
fin, al inicio del último cuarto. El sopor naranja apretó en defensa, el Ibaka
de Ortigueira volvió a ponerse las pilas y la presión se hizo insufrible para
la banda del miniyordan que sucumbió a la mayor experiencia de MdL,
acostumbrados ahora a disputar, y ganar, finales apretados.
En definitiva, una victoria más para MdL, que suma la
séptima. A falta de estadísticas oficiales y cuando queda aún mucha liga por
jugar, ya se ha superado el récord histórico de partidos ganados de este
humilde grupo de señores mayores que se juntan jueves y sábados para jugar al
baloncesto. Al finalizar el partido, cuando todo debía ser alegría y gozo, un
negro nubarrón vino a encapotar la celebración. En el fondo norte del pabellón
apareció una pancarta en la que se leía “por un equipo perdedor”. Sólo los más
avispados intuyeron el siniestro significado del enigmático texto.
Al fin, comparece el presidente
Carlos volvió a dirigir con maestría y modorra al equipo
aunque lo más destacable fue que disputó unos minutos sin hacer un solo tiro de
campo pero con unas zapatillas chulísimas que fueron la envidia de sus
compañeros. Con ellas, veloz como el rayo, logró pasar la línea del medio campo
siempre antes de los ocho segundos de rigor. Sí, sí, os reís, pero a ver cuántos presidentes son capaces de hacer quince metros en menos de ocho
segundos. Que no es tan fácil.
Agotado por el esfuerzo, entre jadeos aseguró estar muy
satisfecho por un resultado que confirma que MdL este año es un equipo de
Euroliga. No quiso hacer comentarios acerca de la posibilidad de instalar camas
en las zonas para que los chicos estén más cómodos en el campo. Se le
ensombreció definitivamente el rostro cuando fue preguntado por la misteriosa
pancarta, balbució una excusa y salió refunfuñando para los vestuarios.
“Por un equipo perdedor”
Tras muchas pesquisas los periodistas consiguieron trabar
contacto con los portadores de la célebre pancarta. Se trata de una facción
escindida de los Ultranaranjas y que clama por una vuelta a los orígenes del
equipo, cuando las victorias eran una rareza y la derrota el pan nuestro de
cada día que se mojaba después en las copiosas cenas. O comidas. Los portavoces,
que han preferido mantener el anonimato pues temen represalias, propugnan
volver a la dinámica habitual y deshacerse de los fichajes que, a cambio de sus
habilidades, esquilman las arcas del club y le han hecho perder su identidad.
Aseguran también que perciben “una actitud soberbia en los
jugadores y un desprecio al rival nunca visto”. Sin ir más lejos hoy,
afirmaban, “han dejado tirar constantemente a ese chico con gafas ¡porque no le
consideraban a su altura!”. Sin duda, concluyen, “esta actitud es el fin de MdL
tal y como lo conocemos. No nos extrañaría que hasta se terminaran las cenas”.
Desde los Ultranaranjas no hay una postura oficial sobre el
nacimiento de esta nueva facción y, en principio, prefieren tomárselo con
calma. Su único movimiento visible fue convocar al equipo a una reunión
nocturna en un conocido local de ambiente mexicano. La reunión fue un éxito
salvo que la convocatoria, influida por Gustavo, no fue para una cena sino para
una más familiar e infantil merienda cena.
La cena
La cena, fijada para las nueve porque el pívot Macabeo tenía
que trabajar, empezó casi a las diez porque muchos de los asistentes,
incluyendo el que citó a las nueve, volvieron a enredarse en las sábanas, igual
que en el partido disputado unas horas antes.
La estrella de la noche fue el tequila sabiamente diluido en
los margaritas. Gracias a él la mesa de los macabeos pudo disfrutar del
acompañamiento de unos mariachis que hicieron una particular buena amistad con
Gustavo. En breve se mostraran las pruebas.
Histórica. Así puede definirse sin rubor la victoria de MdL
del pasado fin de semana. Nunca antes habíamos ganado tantos partidos seguidos;
nunca, a estas alturas, habíamos conseguido tener más victorias que derrotas;
nunca habíamos devuelto el golpe a un equipo que nos sacó veinticuatro puntos
en la primera vuelta. Para MdL se acabó poner la otra mejilla. Ahora, al fin,
nos hemos situado al margen de las buenas costumbres.
Los partidos se ganan desde la defensa y bajo nuestra
canasta nos hicimos colosos más amenazantes para el rival que los molinos de
viento para el hidalgo manchego. La marea naranja por momentos se volvía un
tsunami que arrasaba las infaustas estrategias de los rivales para perforar
nuestro aro. Ni desde dentro ni desde fuera pudieron con esa magna obra de
esfuerzo y trabajo colectivo.
Por encima de todos, alzándose cual gigante, emergió en esta
tarea la figura de Manuel, el Ibaka de Ortigueira, ese alma de negrazo saltarín
encerrado en un cuerpo de friki gallego, que voló por encima de nuestras
cabezas para aplastar los intentos de rebelión de las hordas rivales. Los
incontables tapones que colocó hicieron más fácil el trabajo del resto que sólo
tuvieron que apoyarse en su gigantesca humanidad para apuntalar la férrea
defensa (joder, sí que me ha salido épico este párrafo, sí).
El ataque se convirtió en otra sinfonía coral donde todos
trabajaban para buscar la manera de penetrar en la zona enemiga. Mientras los
obreros martilleaban incansables, los ejecutores golpeaban sin piedad. Fernando
y Jorge se convirtieron en una pesadilla que, seguro, acompaño a los defensores
rivales en sus sueños negros. Precisión, potencia, agilidad e imaginación fueron las
armas utilizadas por estos fenómenos para taladrar una y otra vez el aro.
Aun así, la tarea fue dura y hasta el último minuto el
enemigo no dio su brazo a torcer. Por desgracia, un poco antes de ese último
minuto lo que se torció violentamente fue el tobillo del rubio, que hasta
entonces, con sus triples y penetraciones, había soportado la carga ofensiva de
MdL. Retirado en hombros, como los grandes toreros, Fernando, pie en alto,
asistió desde el banquillo a la victoriosa culminación de la batalla. Sus
compañeros acudieron raudos a celebrar con él la hazaña y como resultado los
médicos que lo atendieron en primera instancia apreciaron, además del fuerte
esguince de tobillo, aplastamientos en sus costillas y daños en algunos órganos
internos.
Declaraciones del presidente
El presidente, una vez más ausente, afirmó por SMS sentirse
muy orgulloso de sus muchachos mientras, se rumorea, degustaba un daikiri bien
frío en un local de dudosa moral. Se sospecha que con él estaba Javi,
otro de los desaparecidos del equipo. La información es completamente fiable y
con la aparición de ese segundo nombre se llega también fácilmente al local
desde el que el presidente hizo las declaraciones. Sí, es ese en el que están
ustedes pensando: La gata negra. No, del Jose no hay ni rastro. Y menos mal,
porque si se une a la celebración encima de Fernando a estas alturas estaríamos
hablando de una verdadera tragedia.
En las alturas (que no en los altares)
Manuel Ibaka fue uno de los protagonistas del partido y la
prensa le asedió a la salida de los vestuarios. Como salió sin ducharse el
asedio duró lo justo para preguntarle por sus impresiones. Manuel, todo
modestia y gallegismo, afirmó que él no hizo más que saltar y los contrarios se
empeñaban en tirarle los balones a las manos. Preguntado por la posible
continuidad de la buena racha del equipo y de la suya en particular contestó
como ese otro gran gallego que rige ahora nuestros destinos de la mano de las
agencias de calificación: “Hombre, ya saben ustedes que en la vida nada es para
siempre”.
Parte médico
A la hora del cierre de esta hoja estamos intentando sin éxito
ponernos en contacto con el rubio para conocer con exactitud el alcance de su
lesión. Se especula con que al finalizar el partido los servicios médicos, en
lugar de trasladarlo al hospital más cercano, se lo llevaron junto al
presidente dadas las conocidas propiedades curativas de los licores de La gata
negra. Después de la primera copa te duele ya un poco menos y cuando llevas
cuatro ni te acuerdas de que una vez tuviste un tobillo. El propio presidente
está desaparecido a estas horas. Todo cuadra.
El rincón del fan
Pues no, no hubo gran presencia naranja en la grada. “Ellos
se lo pierden”, declaró uno de los jugadores que prefirió mantener el
anonimato. Al estilo de ese adalid del buen estilo que es Mourinho, el jugador,
muy duro, dejó caer que, tal vez, “algún día ellos tengan que llorar”. En ese
mismo momento la esposa del jugador le dio una llamada perdida, señal
inexcusable para que abandonara cuanto estuviera haciendo y volara raudo, cual
contraatacante macabeo, a cumplir con las tareas del hogar. Menos lobos.
Clamor popular
¿Cuándo cojones cenamos? Un equipo, por mucho talento que
tenga, como es el caso, se oxida y se viene abajo sin cenas. Casualmente acaba
de entrar un SMS del presidente desaparecido apoyando la propuesta. Se encargará
el rastreo de la señal a la T.I.A. para tratar de averiguar el paradero actual del
directivo. Ni siquiera alguien tan bien preparado puede aguantar tres días
en La gata negra. Ha tenido que moverse por huevos.